Italia al fin se sacudió el fantasma de los penales y logró su tetracampeonato 24 años después de lograr el tercer título, tal como lo hizo Brasil (de 1970 a 1994).
No fue fácil, fue sufrido, con angustia, como siempre. Después de un primer tiempo equilibrado, Francia pasó a ser la dominadora del juego, pero no pudo plasmar esa superioridad en el marcador porque Italia fue, una vez más, como en todo el Mundial, corazón, garra y lucha, armas con las que paró las pretensiones de una Francia que la superó de forma abrumadora en muchos pasajes del juego. Francia jugó mejor, pero no marcó el gol del triunfo y eso es mérito de los Cannavaro, Gattuso y Buffon.
Como siempre, muchos dirán que Italia se echó para atrás, pero en este caso no lo hizo con intención (los cambios de Lippi lo dejan muy claro), simplemente Francia la obligó a ello. Cuando Italia se repliega conscientemente sabe muy bien a qué juega y cómo desarrollará su juego. Ayer perdió la brújula del mediocampo y ni siquiera pudo hilvanar un contragolpe bueno. Sin embargo, los franceses no supieron cómo pasar a la defensa italiana y cuando lo hicieron allí estaba Buffon, quien hizo dos salvadas milagrosas –sólo dos pese al dominio francés-, una ante un tiro de Henry y otra, la más hermosa, como respuesta a un cabezazo de Zidane.
En los lanzamientos desde el tiro penal, a los italianos se les veía en la mirada que esta vez no iban a dejar que los fantasmas los vencieran. Pirlo, Materazzi, De Rossi, Del Piero y Grosso cobraron con una seguridad que nunca antes vi en los italianos. En la mirada de Fabio Grosso ya estaba la victoria reflejada, sus ojos ya esbozaban una sonrisa. No podía fallar.
Zinedine Zidane fue elegido el mejor del Mundial, se llevó el Balón de Oro, Cannavaro el de Plata y Andrea Pirlo el de Bronce.
La expulsión de Zidane fue triste sí, pero también es una conducta que, para bien o para mal, fue característica en toda la carrera de Zizou. No podía faltar en su despedida. Varias veces perdió la cabeza, reaccionó de forma violenta y fue expulsado. Le pasó en Francia 98 (por cierto, quizá sea el único jugador que ha visto la roja en dos mundiales), le pasó con la Juve y con el Madrid.
Nunca sabremos si de no haber sido expulsado, la historia del juego habría cambiado. Eso queda en el terreno de las especulaciones. Si hago la mía, diré que no, que Italia iba a aguantar el aluvión francés hasta el minuto 120 y que el penalti lo iba a lanzar David Trezeguet. Zizou quizá lanzaría el primero o el último, pero Treze iba a ser uno de los lanzadores, eso seguro.
Creo que Italia fue justo vencedor, justo campeón, fue el equipo que hizo mejor las cosas, el que tuvo más ganas, más hambre, más garra y corazón. Los jugadores querían lavar su nombre de los escándalos y lo consiguieron, escribiéndolo en la historia.